¿Es realmente una buena idea convencer a nuestros hijos que todo en esta vida es sencillo? ¿hay que cumplir cada capricho tecnológico para que no hagan berrinches y sean felices? Una nueva reflexión.
¡Qué ridículo engreimiento el de todos aquellos que asisten a las universidades por una temporada, a lo máximo seis años, para conseguir un título con que envalentonarse o con que arrogarse el nombre de “doctores”, “ingenieros”, “profesionales”, “técnicos”!